Las Mascotas
Otro día en casa, llevo
dos años sin empleo, este maldito país me tiene encadenado en la casa, ahora
soy un sirviente de mí propio hogar, mi mujer es la que trae el sustento. Para
un hombre de cuarenta y cinco años es imposible conseguir un empleo, es un
mundo de gente muy joven, leen mi currículo, lo desechan. Las que están
encargadas de buscar el ideal para el puesto son jovencitas entre veinte y
veinticinco años. Ya lo primero no es ver la calidad técnica, sino ir a la red
social y ver si el tipo tiene cuadritos en el estómago o los ojos de un azul
profundo, bueno no es su culpa; es los tiempo en que vivimos. Los chicos de
ahora son las chicas del pasado, je je je, reír para no llorar. Entre poses muy
dudosas y cuerpos al aire, así los hombres se venden en las redes sociales, es
el presente. Ya sueno como los viejos de mi época, quizás es una forma de
evadir las situaciones, criticar lo que se vive y menospreciarlo con lo ya
vivido. Ahora mi realidad es estar en casa limpiando, cocinando y atendiendo a
los chicos, no es que sea denigrante, pero los hombres del pasado no están para
esto, sino para proteger económicamente su hogar.
Pero lo que en realidad no
soporto de este cambio son a las mascotas. Ese vampiro en forma de perro,
parece un pato de tanto que le salen excrementos, una máquina de churros quedó
atrás, que hediondez, no soporto a ese engendro con forma de animal, pero ¿Qué
puedo hacer?, somos seis en la casa, mi esposa que trae el dinero, mis cuatro hijos,
uno en cada plano de crecimiento. Anne con sus veintiún años y estudios
universitarios, es la madurez de la casa. Marcus con quince es la mata de las
hormonas, Eduardo con once es el rey de los juegos de vídeos y por último Raúl,
es sin temor a decirlo el símil de Daniel el travieso, son cuatro años cada uno
llenos de energía destructiva, cuando están de vacaciones Raúl es el encargado
de hacerme trabajar veinticuatro horas al día durante siete días de los dos
meses de vacaciones. Arreglo un cuarto el destruye el otro, me devuelvo y
destruye el que arreglé, así voy hasta que duerme y comienzo la vuelta entera a
la casa nuevamente. Empiezo a las siete de la mañana y termino a las ocho de la
noche, para luego sentarme a descansar y pensar en el pasado, vivir de los
recuerdos, huyendo del presente.
Mientras pienso, un olor
llega a mi nariz, arrugo la cara y maldigo, Dios la casa huele a mierda, entre
el perro vampiro y los cuatro gatos, consentidos de los otros cinco habitantes
de esta casa me tienen esclavizado a limpiar cada instante una bomba de olor
fétido, claro me dicen “los gatos son limpios ellos van a su caja de arena”, si
pero cuatro gatos son una fábrica de popo, y ni contar si tienen sus escondites
secretos que vuelven a mi nariz un detector de excremento y orinas. Oh Dios ¿de
donde carrizo viene el olor?, tan penetrante pero huidizo. Ah pero no he dicho
nada, los gatos son mis enemigos, pero el perro, ese vampiro es mi némesis, él
sabe, me conoce, espera mis movimientos, escondido, entre sus tantos lugares
para desaparecer. Mientras limpio y sabe que estoy lejos, sale y hace de las
suyas, rompe muebles, paredes y hace lo peor, un mar de pipí y un océano de
popó, maldito perro.
Pero algunas cosas son
buenas, a pesar de mi presente, por lo menos es lo que me dice mi psicólogo,
solo él sabe lo que vivo, aunque según su criterio yo estoy desviando mi odio
hacia las mascotas, si el viviera aquí seguro bota su título y busca la
escopeta para acabar con esos bichos. Bueno tiene razón con respecto a la
familia, cuando todos están el ambiente del hogar cambia, todo es diferente.
La puerta, mi hija llegó.
—Papi llegué, me encanta
la oficina, estas pasantías hacen que me enamore más de mi carrera, ¿dónde está
mi perrito más consentido?
—Hola hija, me alegro, no
agarres a ese perro, lávate las manos para que comas.
—Ay papá no sea malo, mi
cuchi cuchi no hace nada malo y no está sucio.
—Tu cuchi cuchi, la mata
de popó ambulante, ese sucio perro es un hipócrita, su verdadera cara la
conozco yo, se hace el indefenso con ustedes, pero la maldad me la consumo yo —pensó,
mientras le servía en silencio la comida a su hija.
Después de comer mi hija
se instaló en su cuarto a comunicarse con sus amigos por las redes sociales y a
ver la novela del momento, un poco después llegó mi esposa con Eduardo y Marcus
que se quedaban en la tarde donde su abuela pasando el tiempo libre de las
vacaciones.
—Hola amor, ¿cómo está
todo en casa?
—Bien mi vida, ya Raúl está
dormido, tuvo un día activo. —le comenta a su esposa mientras coloca la mesa.
—Hola papá —me saluda Eduardo
—Hola papá —me dice Marcus
entre risas.
—Que tal chicos, vengan
vamos para que coman. —les responde mientras le señala la mesa servida.
—Ve sirviendo mi vida voy
a sacar al cuqui de la casa, ven perrito lindo vamos para que hagas tu popó del
día y tu pipí. Cuqui lindo. —me dice mi mujer mientras lleva al perrito que no
deja de saltar alrededor de la mujer.
—Cuqui lindo, (con acento
de amargura) mira el desgraciado como me ve, estoy seguro que ese vampiro
piensa, me mira como si se riera de mí, no hace nada cuando está ella en casa,
sale hace su popó y su pipí. Miren se
acuesta en sus pies, maldito hipócrita, cuando está solo lo que hace es
desesperarme, claro sabe que no voy a decir nada, sería dar a entender que no
puedo con un asqueroso perro ni con cuatro desgraciados gatos, un día me van
agarrar con el apellido atravesado y los voy a matar a todos, malditos
animales.
Recordé el ejercicio que mi terapeuta me colocó, me hizo retroceder al pasado, cuando era un alto
ejecutivo de Miller And Pitt, cuando gozaba del prestigio social, era un hombre
importante, en esa época mis mascotas eran para mí parte integral de la
familia, pero llegó la recesión, todo cambió, mi vida fue diferente, pero ¿Las
mascotas cambiaron?, o solo por ser los más inocentes se convirtieron en el
blanco excelente para descargar mi odio. ¡Oh Dios! ese terapeuta me estaba
volviendo loco en vez de una persona cuerda.
Un rato después los chicos
estaban en su cuarto, Eduardo jugando consola de vídeos, todas las noches tengo
que pasar hasta tres veces para que apague el aparato ¿y Marcus?, bueno entre
la pornografía virtual y las redes sociales, me tocaba hacer lo mismo, con mi
esposa tenía unos minutos antes de que también se integrara al bendito mundo
virtual, bueno era la época.
—¿Cómo te fue en el
trabajo cariño? —le pregunté mientras masajeaba sus pies.
—Estuvo bastante atareado,
las ventas no han estado dentro de lo presupuestado, pero por muy poco, mañana
trabajo con las gerentes regionales para meter un impulso con algunas promociones
y eventos, nada fuera de lo normal. ¿Y tú?, ¿algo nuevo?
—Quería decirle que el
desgraciado perro era un hipócrita, una fábrica de popó, que los gatos
destruían todo a su paso, que tenían escondites que me volvían loco buscando el
orine del día, que todos tenían un plan elaborado para volverme loco, pero ¿que
ganaba con eso?, nada, que pensara que era no solo un fracasado laboral, sino
que era un estúpido encargado de casa que ni siquiera podía controlar a unas
cuantas mascotas —pensé mientras solo la observo mientras masajeo sus pies—. Nada,
mi vida, mande unos currículos por correo a ver si hay suerte, pero nada más
hasta ahora.
—Ok, me voy al cuarto a
ver un rato que hay en las redes sociales y me acuesto, estoy cansada por el
trajín del día.
—Ok. Mi amor voy a recoger
y fregar la loza.
Otro día que culminó, una
copia del anterior y del anterior, para mi familia el día terminó, no para mí,
en las noches ese astuto perro hace de las suyas, saca los paños, se acuesta en
el mueble de la sala y en la mañana antes de que levanten todos pone todo en su lugar. Pero usa mi mueble, ¡es
mi maldito mueble no de él!, él tiene su alfombra, pero agarra mi mueble para
molestarme lo sé, ese desgraciado piensa, me importa un pepino lo que diga el
psicólogo, ese animal es un hipócrita,
también los gatos esos desgraciados se meten en los baños, se orinan,
aprovechan que alguno de los chicos sale adormitado de los cuartos y dejan la
puerta abierta de algún baño, van y depositan su hediondo y amarillento líquido.
Me tienen cansado, la muerte es lo mínimo, tienen todo gratis y lo que hacen es
hacer el mal, pero no les va a durar mucho, algo debo hacer, algo tengo que
hacer.
Esta espera acá me
desespera, este terapeuta se da un postín, si no fuera porque le juré a mi
esposa que iría a terapia. Desde el último ataque le prometí que vendría una
vez a la semana. Son cosas que pasan, uno se enoja, no encuentra con quien
hablar y entonces, rompes todo a tu paso, y por accidente terminas también
rompiéndote un brazo, son cosas normales cuando pasa en un momento de soledad,
pero prefiero venir acá antes de intentar explicarlo. —Al fin ahí viene la
vieja loca, me indica que pase.
—¿Cómo estas Cosmos?, ven
siéntate para conversar un poco.
—Bien doctor, por lo menos
he estado tranquilo.
—Y cuéntame ¿No has tenido
otro episodio de enojo descontrolado?
—No doctor, ya acepté que
estamos en otros tiempos y mi edad no ayuda, pero sigo buscando mi lugar en la
sociedad, sin rabietas.
—Eso me contenta, en
verdad te vez muy tranquilo, que diferencia a hace no más de tres meses atrás.
—Si doctor, como hablamos
fue el momento, la depresión.
—Y cuéntame ¿Cómo te va en
la casa?
—Ya aprendí el abc de los
quehaceres domésticos, por ahí ya manejo los tiempos.
—Y ¿Las mascotas?
—Las mascotas, bueno
intento llevarme bien con ellas, aunque se me ha hecho muy difícil.
—¿Y por qué?
—Bueno doctor es que nadie
me cree, pero yo estoy seguro que piensan, sobre todo el perro, es como si
tejiera un complicado plan para hacerme estallar de la rabia.
—¿No estarás exagerando?
—No doctor, estoy seguro
de lo que le estoy diciendo.
—Ok está bien, y háblame de otra cosa, dime ¿Cómo llevas el no
conseguir trabajo?
—Ahí no puedo hacer nada,
no depende de mí, yo coloco los currículos, ahí está mi experiencia, lo que
valgo, a otro le toca evaluar y saber si le soy útil, no tengo injerencia
alguna en ello.
—¿Entonces no tienes el
poder sobre tu vida, sino otros son los que te mantienen atado a tu casa?
—Si exactamente, en
resumen así es.
—Bien, ya sonó la campanita,
nos vemos en una semana, te veo bien, vamos progresando.
Ya todos están durmiendo,
me atrasó la ida al terapeuta, pero al fin terminé de fregar la loza y acomodar
la sala, ahora a intentar dormir, pero ¿Podré?, bien voy a intentar hacerlo.
¿Qué es eso?, sonó como si estuvieran
rompiendo algo en la sala. ¡Por Dios esos animales no me van a dejar descansar
en paz!
Diez horas después…
Tengo una semana que no
duermo, cazándolos, pero se unen entre sí, cuando estoy vigilando a uno otro
hace de las suyas, no he podido encontrar a ninguno infraganti, solo los
rastros, su hediondez, oh por dios seguro tienen que pagar, están jugando
conmigo, no puedo decir nada, mi esposa se burlará de mí, ya es suficiente no
trabajar para dar esta imagen, ellos saben, esos desgraciados animales lo
saben, se aprovechan, pero no va a ser por siempre, no.
Ya todos se han ido. Raúl
está jugando en mi cuarto, voy a ver qué hace el degenerado perro, ese vampiro,
¿Por dónde andas?, déjate ver, aja, míralo ahí está bajo de la mesa, me está
mirando, se está riendo de mí, si estoy seguro, mira sus ojos, no, claro el
tipo que no trabaja, el que antes usaba corbata y llevaba un maletín y se hacía
el importante, (Con voz psicótica y tarareada) ¿Eso piensas verdad?, que soy un
perdedor, si, lo veo en tu rostro de animal burlón, pero ya no más, no más, yo no puedo decir
nada, claro, sabes que mi mujer y mis hijos se burlarían de mí, ellos no saben
quién eres, pero ¿sabes?, tu tampoco le
puedes decir nada y esa es tu debilidad.
Ese día descargué mi ira,
al fin pude desquitarme de todos los días de burla de este maldito perro, lo
golpeé hasta donde las manos me dolieron, contra la pared, contra el piso, le
di con todas las ganas con mis pies, luego giré mi rostro y perseguí por toda
la casa a cada uno de los gatos, mientras el perro temeroso se escondía bajo un
mueble. ¿Ahora sí, te escondes?, ya no te ríes, ¿Verdad?, ahora el que ríe soy
yo, ¿Quién es el fracasado?, ja, ahora no eres valiente, ¿Sabes por qué? Bueno ahora se tu debilidad, no hablas, así
de fácil, no hablas y no puedes acusarme, entonces de ahora en adelante respeta
o veras mi mano descargar su furia sobre ti. Entonces gaticos ¿Tienen orina
para derramarla en sus escondites?, ahora verán que pasa cuando me usan como si
fuera un payaso, tomen, sientas el poder de mis patadas, ¿A dónde van?, sientan
mi furia, rían ahora, búrlense de mí. ¿Cómo dicen? Ah sí, El tipo que no trabaja, el fracasado, con su
tono burlón, ustedes creen que no los oigo, pero ahora vean lo que hago con sus
comentarios, sientan el poder de mis puntapiés, ja, son unos cobardes, gatos
del infierno.
Dos horas después…
Al fin me siento
realizado, que cansado estoy, seguro que los cobardes no van a sabotear la casa,
ya saben lo que les espera, que bueno que encontré su punto débil.
—Creo que voy a la cama un
rato, me lo merezco.
En la noche…
—Hola amor, estoy cansada,
el trabajo hoy me mató, ¿cómo te ha ido hoy?, ¿y esa sonrisa? —me pregunta mi
esposa como con sorpresa.
—No sé, me he sentido vivo
hoy, es capaz que las cosas mejoren, no sé, veo el mundo con más ánimo.
—Me alegro, ya te veía muy
triste todos estos días, ¿y dónde está cuqui?, cuqui ven con mamá.
Lo buscó por un buen rato,
hasta que salió debajo del mueble, temeroso, llegó a ella y comenzó a saltar,
manifestando una alegría mucho más ferviente de lo normal.
—Mi cuqui, ¿dónde
estabas?, me habías asustado, vamos para sacarte al patio.
Llegó la noche y la
tranquilidad del día se volvió la locura en la noche, otra vez, se ríen, los
oigo, no puedo quitar de mi cabeza el sonido de sus risas, voy a encontrarlos,
creen que la oscuridad los va a ayudar, pues no, de mí no se burla nadie, encendí todas las luces de la casa.
—Me voy a sentar aquí, en el medio de la sala,
en el sofá principal, no les voy a permitir que el orden del día se rompa en la
noche, no señor, les voy a mostrar lo que es tener respeto, estos desgraciados
no están, pero oigo sus risas, los voy a encontrar, aunque sea lo único que
haga.
Ocho horas después…
Desgraciados, no pude dormir, tuve que hacer
el desayuno casi dormido, me quemé con el aceite de los huevos, eso me lo van a
pagar, ya todos se fueron, los atendí sin que se dieran cuenta de mis ojeras
por estar sentado toda la noche en la sala, con la vista ida, a la espera, pero
no va a volver a pasar, ganaron una batalla pero no la guerra, regresé a mi
cuarto me lavé la cara, fui al cuarto del pequeño y le coloqué todos los
juguetes a Raúl para que se quedará jugando. Ahora es mi momento, bajé y comencé
a buscar a las endemoniadas mascotas, ¿Dónde estás cuqui del demonio?, Gatos
infernales, los voy a encontrar aunque tenga que destruir toda la casa, ¿Dónde?
¿Dónde? cuuuquii cuuuquiii, ven acaaa (Hablaba cantadito como un loco
desquiciado)
—Aja, conque estaban
detrás del sillón, ja, y todos reunidos.
Les propiné la paliza de sus vidas, para que
aprendan a no reírse de mí, —ya no oigo las risas burlonas, no, no no, (Con los
ojos encendidos de locura), solo el
sonido de mis patadas en sus cuerpos. Entonces gatitos les gusta reírse de mí,
dejar su orina y ver desde su escondite como me vuelvo loco buscando sus
hediondo líquido amarillo, pues sientan el ardor de los fósforos en sus
estúpidas caras.
Improperios salían de mí, el
mensaje era claro, no debían burlarse, no más.
Así por fin dormí plácidamente,
nunca me había sentido tan bien, por mis venas experimente por primera vez
desde hace mucho tiempo el correr de la sangre a través de ellas.
Las horas pasaron y una
nueva visita al terapeuta llegó
—Al fin ahí viene la
vieja, vamos a ver qué me dice el loquero hoy.
—Cosmos ¿Cómo estás?, pasa
siéntate. —Me dice el doctor después que la anciana me llevó hasta la puerta
del consultorio.
—Gracias doctor, estoy muy
bien.
—Te veo relajado. —Me dice
mientras me observa de una forma extraña.
—Sí, me siento muy
tranquilo.
—¿Y eso tiene algún
motivo?
—No, creo que aprendí a
vivir, más nada,
—El trabajo, ¿has tenido
suerte?
—No doctor, pero algo
vendrá, la recesión no va a durar toda la vida.
—Es verdad, ¿Las mascotas?,
¿qué me cuentas de ellas?
—Bien, son solo animales,
más nada.
—Ok Cosmos me gustaría me
hablaras de tus planes a corto plazo.
Ahí estuve por una hora,
hablando con mi terapeuta, él no lo sabía pero había encontrado el punto débil
de estos malditos animales, pero no se lo voy a decir, es muy inocente para
comprender la verdad. Mi vida ya había encontrado la tranquilidad.
Un año después…
—Mi amor, todo se va hacer
como quedamos hace un mes, este fin de
semana viajo a la capital, dejo a los
niños con la abuela para que no te compliques de más. —Me
dice mi esposa.
—Ok, cualquier cosa me
llamas.
—Sí, seguro.
Unas horas más tarde…
Es tarde, ya coloqué los currículos
en la web, (queda pensativo) nada que me han llamado, más de un año en espera, esas
perras, solo llaman a los cuadritos que esperan le alegren algún día la noche,
este mundo se ha vuelto solo eso, sexo, maldita sea. Que rabia me da, ¿Por qué
no me llaman?, no lo soporto, ¿Por qué yo?, ahh, me duele el pecho, que rabia,
ahh, ¿Por qué la vida es tan injusta?, Un ruido interrumpe mi dilema interno, afino
el oído y lo reconozco. ¿Qué?, un ladrido, ese maldito se está burlando de mí, otra
vez, me viste acorralado por las sucias de las buscadoras de empleo ¿y tu
salida es reírte de mí?, ya vas a ver, te voy a matar, seguro los gatos están
conspirando, me ven aquí y se burlan, se burlan de mí, pero hoy me encargo, los
voy a enterrar vivos, vivos para que sufran.
Sentía que la cabeza me
daba vueltas, me iba a desmayar, el piso era como de gelatina, las paredes
vibraban muy lento. Caí de rodillas, me dolía el pecho, intenté calmarme,
respire profundo, y me paré con un propósito.
Van a ver, esto se acaba
hoy, ¿Dónde están las llaves?, ¿dónde?, en mi pantalón, camisa, no, en la mesa,
si seguro, aquí están, ahora al sótano, debo buscar mis herramientas, caminé rápidamente
y casi caigo al vacío, estos malditos escalones, de pronto otra vez me retumban
las risas en mi cabeza, esas risas,
desgraciados animales, me la van a pagar. Aquí están, miré fijamente al muro
donde lo que busqué estaba colgando, la pala y el pico, por fin van a recibir
uso, esta puerta del patio siempre se traba, hoy no podía ser diferente, abrió,
ahora bien donde cavo su tumba, ahí, al lado del árbol, solo saco las seis
lozas y listo no hay mejor lugar, tomé la herramienta, medí con la mirada el sitio
ideal y descargo con toda mi fuerza el pico contra el suelo y comienzo a
aflojar la tierra, es dura como ninguna, pero bien vale la pena el esfuerzo,
todavía escucho su burla, creen que me dará miedo, que no me atreveré, que
siento temor por lo que opine mi esposa, pero no, esta vez no, son míos, no
habrá más burlas de parte de esos animales, no señor, no más risas, voy a
acabar con eso.
Tres horas pasaron…
Quedó grande el agujero,
por lo menos dos metros de largo por uno de ancho y tres metros de profundidad,
cuando quiero hacer las cosas realmente las realizo muy bien, entonces ¿Por qué
diablos no me contratan?, bien pero con esto elimino la burla diaria de esos
sinvergüenzas, me tiene loco, no se los voy a permitir, y además los voy a
hacer sufrir, ¿Cómo lo hago?, enterrarlos y matarlos es muy simple, de pronto
me vino una idea a la cabeza, corrí de forma frenética al sótano, busqué como
loco entre las cajas de herramientas, tenía una idea fija, hasta que al fin lo
encontré a un costado del húmedo lugar, cuatro metros de tubería plástica, la
que sobró del cuarto de baño extra que se colocó hace tres años, un mes antes
de mi despido. Subí nuevamente y las coloqué a un costado del gran agujero, les
daré la posibilidad de respirar enterrados vivos hasta que me dé la gana de
tapar la entrada de oxígeno.
Quedó magnifica la última
morada de los engendros diabólicos, lo tapé, ya tenía todo planeado, primero
los tiro al fondo, luego les lanzo encima esta tabla del mismo ancho del
agujero y los tapo con tierra, el aire les llegará por el tubo, eso los
mantendrá con vida, sufrirán, así como yo sufro por sus burlas, hasta que
llegue el momento de tapar el orificio, unos días, quizás una semana, que
sufran lo que yo he sufrido por sus burlas, es lo justo.
Es el momento de buscar a
mis enemigos, esas risas que escucho me guiaran y me ayudaran a realizar mi
venganza, sus burlas serán mi fortaleza. Hoy morirán, ya veré que les digo a mi
mujer y los chicos, no importa, pero dejarán de burlarse de mí, ya verán quien
ríe al último ríe mejor, y las risas que sonarán son las mías y hoy comenzará
su camino a la muerte.
Ven perrito, cuqui, o como
te gusta que te llamen, ven acá, no te escondas, ¿Dónde estarás?, camine lento
y sigiloso, busqué por las alcobas y por la cocina, hasta que al fin.
Ahí estás, ven acá
desgraciado, no corras, ay, maldita sea, me golpeé duro con el mueble, Sentí un
ardor en el brazo, —ahh, me rasgué, otra deuda para conmigo del sinvergüenza
perro, ¿Por qué gimes?, tú no eres el que te burlas más fuerte, ¿Crees que no
conozco el sonido de tu risa burlona?, seguro te acuerdas de la paliza que te di
ayer, pero te la merecías, te reíste de mi mientras hacía el nuevo currículo,
¿crees que no vi tus ojos?, como te reías por dentro de mí. En eso siente un paso veloz entre sus piernas, fija la vista a su
izquierda y divisa a otro enemigo. El gato, ahí estás, ven acá, no corras, Luego
un vaso cae al piso en la cocina y ve pasar una sombra negra hacía el salón. El
otro gato. Me quieren confundir, pero lo que hacen es atrasar lo ineludible. Tiro
un manotazo cuando siento un ruido a mi espalda. Te tengo, carajo la mesa, te salvaste desgraciado,
que dolor, me pegué de lleno en el codo, Maldito gato, ahora tú serás el primero. Detrás
de mí escucho un sonido conocido. El perro, te oigo, ¿dónde te metiste?, ahí va
otro gato, los voy a agarrar no crean que no lo voy a hacer. ¿Qué es eso?, Volteo
hacía la escalera y siento como una masa de pelos cae en mi rostro. Maldito quítate de mi cara, me estás
desgarrando, sucio animal, intento quitármelo y caían sobre mi todas las ollas
que estaban sobre los estantes, me rompí la cabeza, la sangre corría por mi
frente, ahora si es verdad que nada de sufrimiento, los voy a enterrar
destripados a todos, Escuché un golpe seco y corrí en su dirección. Ahí vas, te
vi, ese maldito va hacia las escaleras, subí con locura desenfrenada de a tres
escalones a la vez. —Te tengo, no huyas
estás en mis manos —le grite con todo el odio acumulado.
Pero en ese instante otro
de los gatos corrió por el medio de mis piernas, perdí el equilibrio y caí por
las escaleras, llevé un fuerte golpe en la frente, estaba ya a punto de desmayarme
y vi cómo se reunieron a mi alrededor, era él, el sinvergüenza perro, solo su
risa burlona me llevé a la oscuridad de
mi desmayo.
Me sentí asfixiado,
desperté adolorido, no podía moverme, estaba aprisionado, entré en razón,
estaba en mi propia trampa, arriba de mi la tabla que dividía el peso de tres
metros de tierra que yacían sobre mí, escarbé con las manos y llegué a duras
penas al agujero del tubo que había dejado para que respiraran los animales, tuve
suerte, estaba del lado de mi cara, era mi salvación, no podía moverme ni
hablar, solo estar pegado a este tubo, ¿Qué significaba la vida? ¿Cómo no me di
cuenta?, si eran tan inteligentes como para burlarse de mí, también lo eran
para intentar matarme. No siento las piernas, este peso me está matando, esos
malditos, entre todos me agarraron y me enterraron. Pero soy un ser humano,
estoy por encima de la escala animal, soy un ser inteligente, ellos son solo
bestias, no sabían que había dejado este tubo, deben creer que estoy muerto, ja
ja ja no moriré, tarde o temprano mi esposa me comenzará a buscar y me
encontrará yo saldré de acá y me vengaré.
Busco desesperadamente el principio del tubo, lo
encontré, giré lo más que pude mi rostro hacía él, tuve suerte, me enterraron justo
del lado del tubo, tomo una gran bocanada de aire, en eso siento algo caliente,
un líquido saliendo del tubo, ¡Qué! Asco, ¿Qué sale por este sucio agujero?,
maldita sea es orina, esos desgraciados, me moriré acá pero regresaré
desgraciado, desde la muerte, no se burlaran de mí, jamás, los mataré a todos, grité desesperado, sabía que iba a morir a manos de esos sucios animales.
—No, no debo llorar, volveré
aun sea penando en la tierra, pero no me iré hasta vengarme malditos, tengo
sed, dios no otra vez la orina, que asco, pero tengo sed, debo tomar algo, no
pude más mis sentidos me abandonaron, la oscuridad le dio paso a la nada.
Tres días después…
—Tomen su pulso, rápido
—Está vivo, tiene lectura.
—Vamos a trasladarlo
—Cosmos mi amor, Cosmos
escúchame.
En el hospital…
—Llévenlo a la habitación,
monitoreen como asimila los medicamentos.,
—Doctor un paro, doctor
código azul.
—Vamos una descarga, hay
que traerlo de vuelta.
Unos días después…
—Lleva una semana sin
despertar, hay que pensar lo peor.
—Miren tiene los ojos
abiertos.
—Cosmos, Cosmos mírame,
háblame.
—¿Dónde estoy?
—Regresó está vivo, vengan
está vivo.
Un tiempo después…
—Señor Cosmos han pasado
tres meses desde que su mascota heroicamente descubrió que lo habían enterrado
en el patio, su perro es el animal más
famoso en el mundo hoy por hoy, nadie sabe cómo pudo sobrevivir a la
deshidratación, una semana antes de encontrarlo a usted, su perro dio la alerta
a los vecinos de los vándalos que entraron a robar su casa, los tipos fueron
unos sádicos pues en su estadía lo enterraron vivo y colocaron las baldosas en
el piso, para que no se dieran cuenta del movimiento de tierra. La policía
estima que estuvieron por lo menos seis horas preparando todo, se cree que eran
de una secta diabólica y usted era el sacrificio humano. Recibió un fuerte
golpe en la cabeza, nadie supo dónde estaba, los antisociales habían muerto al
enfrentarse a la policía, si no es por su perro, que una semana después encontró
la forma de darse entender con sus familiares y enseñarles donde usted estaba
enterrado, hoy usted estaría muerto, ¿que opina a eso?
—La vida me ha cambiado
mucho desde entonces, nací de nuevo, comencé en un nuevo trabajo, tuve dos años
sin poder trabajar, creo que esto alineó a las estrellas y mi vida retomó su
camino, tengo una felicidad enorme de poder compartir con ustedes mi historia,
le debo todo a ese pequeño animal, y debo pagarle aunque no creo que tenga vida
para hacerlo.
Esa noche…
Eran las dos de la
madrugada, todos dormían en casa, salí al baño, sentía unas ganas enormes de
orinar, fui y luego bajé a la sala, me provocó un vaso de leche, mañana tenía
una reunión importante en la oficina, necesitaba dormir bien, y la leche
siempre me ayudó a hacerlo. Caminé rumbo a la cocina, escuché una risa, eso me
llevó a recordar momentos pasados, seguí mi camino y me encontré frente a
frente con el perro, estaba acostado en el sofá, nos quedamos viendo fijamente,
observé al piso y había ropa tirada por todo el lugar, nuestras vistas
volvieron a coincidir, los gatos pasaron y se acurrucaron a mis pies, los
cuatro, me veían fijamente. Yo por igual, mantuve la mirada fija, escuché una
risa burlona. Tomé aire, di media vuelta y me dirigí a mi cuarto.
—¿Qué haces levantado tan
tarde amor? —Me preguntó adormitada mi esposa.
—Nada, mi amor, fui al
baño y bajé por un vaso de leche.
—¿Y dónde está?, ¿lo
tomaste en la cocina?
—No, me devolví, llegué
hasta la sala.
—¿Y qué pasó?
—Nada flaca, nada, todo
está como siempre debió estar, vamos a dormir, mañana es otro día.
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