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martes, 16 de febrero de 2016

Las mascotas



Las Mascotas
Otro día en casa, llevo dos años sin empleo, este maldito país me tiene encadenado en la casa, ahora soy un sirviente de mí propio hogar, mi mujer es la que trae el sustento. Para un hombre de cuarenta y cinco años es imposible conseguir un empleo, es un mundo de gente muy joven, leen mi currículo, lo desechan. Las que están encargadas de buscar el ideal para el puesto son jovencitas entre veinte y veinticinco años. Ya lo primero no es ver la calidad técnica, sino ir a la red social y ver si el tipo tiene cuadritos en el estómago o los ojos de un azul profundo, bueno no es su culpa; es los tiempo en que vivimos. Los chicos de ahora son las chicas del pasado, je je je, reír para no llorar. Entre poses muy dudosas y cuerpos al aire, así los hombres se venden en las redes sociales, es el presente. Ya sueno como los viejos de mi época, quizás es una forma de evadir las situaciones, criticar lo que se vive y menospreciarlo con lo ya vivido. Ahora mi realidad es estar en casa limpiando, cocinando y atendiendo a los chicos, no es que sea denigrante, pero los hombres del pasado no están para esto, sino para proteger económicamente su hogar.
Pero lo que en realidad no soporto de este cambio son a las  mascotas. Ese vampiro en forma de perro, parece un pato de tanto que le salen excrementos, una máquina de churros quedó atrás, que hediondez, no soporto a ese engendro con forma de animal, pero ¿Qué puedo hacer?, somos seis en la casa, mi esposa que trae el dinero, mis cuatro hijos, uno en cada plano de crecimiento. Anne con sus veintiún años y estudios universitarios, es la madurez de la casa. Marcus con quince es la mata de las hormonas, Eduardo con once es el rey de los juegos de vídeos y por último Raúl, es sin temor a decirlo el símil de Daniel el travieso, son cuatro años cada uno llenos de energía destructiva, cuando están de vacaciones Raúl es el encargado de hacerme trabajar veinticuatro horas al día durante siete días de los dos meses de vacaciones. Arreglo un cuarto el destruye el otro, me devuelvo y destruye el que arreglé, así voy hasta que duerme y comienzo la vuelta entera a la casa nuevamente. Empiezo a las siete de la mañana y termino a las ocho de la noche, para luego sentarme a descansar y pensar en el pasado, vivir de los recuerdos, huyendo del presente.
Mientras pienso, un olor llega a mi nariz, arrugo la cara y maldigo, Dios la casa huele a mierda, entre el perro vampiro y los cuatro gatos, consentidos de los otros cinco habitantes de esta casa me tienen esclavizado a limpiar cada instante una bomba de olor fétido, claro me dicen “los gatos son limpios ellos van a su caja de arena”, si pero cuatro gatos son una fábrica de popo, y ni contar si tienen sus escondites secretos que vuelven a mi nariz un detector de excremento y orinas. Oh Dios ¿de donde carrizo viene el olor?, tan penetrante pero huidizo. Ah pero no he dicho nada, los gatos son mis enemigos, pero el perro, ese vampiro es mi némesis, él sabe, me conoce, espera mis movimientos, escondido, entre sus tantos lugares para desaparecer. Mientras limpio y sabe que estoy lejos, sale y hace de las suyas, rompe muebles, paredes y hace lo peor, un mar de pipí y un océano de popó, maldito perro.
Pero algunas cosas son buenas, a pesar de mi presente, por lo menos es lo que me dice mi psicólogo, solo él sabe lo que vivo, aunque según su criterio yo estoy desviando mi odio hacia las mascotas, si el viviera aquí seguro bota su título y busca la escopeta para acabar con esos bichos. Bueno tiene razón con respecto a la familia, cuando todos están el ambiente del hogar cambia, todo es diferente.
La puerta, mi hija llegó.
—Papi llegué, me encanta la oficina, estas pasantías hacen que me enamore más de mi carrera, ¿dónde está mi perrito más consentido?
—Hola hija, me alegro, no agarres a ese perro, lávate las manos para que comas.
—Ay papá no sea malo, mi cuchi cuchi no hace nada malo y no está sucio.
—Tu cuchi cuchi, la mata de popó ambulante, ese sucio perro es un hipócrita, su verdadera cara la conozco yo, se hace el indefenso con ustedes, pero la maldad me la consumo yo —pensó, mientras le servía en silencio la comida a su hija.
Después de comer mi hija se instaló en su cuarto a comunicarse con sus amigos por las redes sociales y a ver la novela del momento, un poco después llegó mi esposa con Eduardo y Marcus que se quedaban en la tarde donde su abuela pasando el tiempo libre de las vacaciones.
—Hola amor, ¿cómo está todo en casa?
—Bien mi vida, ya Raúl está dormido, tuvo un día activo. —le comenta a su esposa mientras coloca la mesa.
—Hola papá —me saluda Eduardo
—Hola papá —me dice Marcus entre risas.
—Que tal chicos, vengan vamos para que coman. —les responde mientras le señala la mesa servida.
—Ve sirviendo mi vida voy a sacar al cuqui de la casa, ven perrito lindo vamos para que hagas tu popó del día y tu pipí. Cuqui lindo. —me dice mi mujer mientras lleva al perrito que no deja de saltar alrededor de la mujer.
—Cuqui lindo, (con acento de amargura) mira el desgraciado como me ve, estoy seguro que ese vampiro piensa, me mira como si se riera de mí, no hace nada cuando está ella en casa, sale hace su popó y su pipí. Miren  se acuesta en sus pies, maldito hipócrita, cuando está solo lo que hace es desesperarme, claro sabe que no voy a decir nada, sería dar a entender que no puedo con un asqueroso perro ni con cuatro desgraciados gatos, un día me van agarrar con el apellido atravesado y los voy a matar a todos, malditos animales.
Recordé el ejercicio que mi terapeuta me colocó, me hizo retroceder al pasado, cuando era un alto ejecutivo de Miller And Pitt, cuando gozaba del prestigio social, era un hombre importante, en esa época mis mascotas eran para parte integral de la familia, pero llegó la recesión, todo cambió, mi vida fue diferente, pero ¿Las mascotas cambiaron?, o solo por ser los más inocentes se convirtieron en el blanco excelente para descargar mi odio. ¡Oh Dios! ese terapeuta me estaba volviendo loco en vez de una persona cuerda.
Un rato después los chicos estaban en su cuarto, Eduardo jugando consola de vídeos, todas las noches tengo que pasar hasta tres veces para que apague el aparato ¿y Marcus?, bueno entre la pornografía virtual y las redes sociales, me tocaba hacer lo mismo, con mi esposa tenía unos minutos antes de que también se integrara al bendito mundo virtual, bueno era la época.
—¿Cómo te fue en el trabajo cariño? —le pregunté mientras masajeaba sus pies.
—Estuvo bastante atareado, las ventas no han estado dentro de lo presupuestado, pero por muy poco, mañana trabajo con las gerentes regionales para meter un impulso con algunas promociones y eventos, nada fuera de lo normal. ¿Y tú?, ¿algo nuevo?
—Quería decirle que el desgraciado perro era un hipócrita, una fábrica de popó, que los gatos destruían todo a su paso, que tenían escondites que me volvían loco buscando el orine del día, que todos tenían un plan elaborado para volverme loco, pero ¿que ganaba con eso?, nada, que pensara que era no solo un fracasado laboral, sino que era un estúpido encargado de casa que ni siquiera podía controlar a unas cuantas mascotas —pensé mientras solo la observo mientras masajeo sus pies—. Nada, mi vida, mande unos currículos por correo a ver si hay suerte, pero nada más hasta ahora.
—Ok, me voy al cuarto a ver un rato que hay en las redes sociales y me acuesto, estoy cansada por el trajín del día.
—Ok. Mi amor voy a recoger y fregar la loza.
Otro día que culminó, una copia del anterior y del anterior, para mi familia el día terminó, no para mí, en las noches ese astuto perro hace de las suyas, saca los paños, se acuesta en el mueble de la sala y en la mañana antes de que levanten todos  pone todo en su lugar. Pero usa mi mueble, ¡es mi maldito mueble no de él!, él tiene su alfombra, pero agarra mi mueble para molestarme lo sé, ese desgraciado piensa, me importa un pepino lo que diga el psicólogo, ese animal  es un hipócrita, también los gatos esos desgraciados se meten en los baños, se orinan, aprovechan que alguno de los chicos sale adormitado de los cuartos y dejan la puerta abierta de algún baño, van y depositan su hediondo y amarillento líquido. Me tienen cansado, la muerte es lo mínimo, tienen todo gratis y lo que hacen es hacer el mal, pero no les va a durar mucho, algo debo hacer, algo tengo que hacer.
Esta espera acá me desespera, este terapeuta se da un postín, si no fuera porque le juré a mi esposa que iría a terapia. Desde el último ataque le prometí que vendría una vez a la semana. Son cosas que pasan, uno se enoja, no encuentra con quien hablar y entonces, rompes todo a tu paso, y por accidente terminas también rompiéndote un brazo, son cosas normales cuando pasa en un momento de soledad, pero prefiero venir acá antes de intentar explicarlo. —Al fin ahí viene la vieja loca, me indica que pase.
—¿Cómo estas Cosmos?, ven siéntate para conversar un poco.
—Bien doctor, por lo menos he estado tranquilo.
—Y cuéntame ¿No has tenido otro episodio de enojo descontrolado?
—No doctor, ya acepté que estamos en otros tiempos y mi edad no ayuda, pero sigo buscando mi lugar en la sociedad, sin rabietas.
—Eso me contenta, en verdad te vez muy tranquilo, que diferencia a hace no más de tres meses atrás.
—Si doctor, como hablamos fue el momento, la depresión.
—Y cuéntame ¿Cómo te va en la casa?
—Ya aprendí el abc de los quehaceres domésticos, por ahí ya manejo los tiempos.
—Y ¿Las mascotas?
—Las mascotas, bueno intento llevarme bien con ellas, aunque se me ha hecho muy difícil.
—¿Y por qué?
—Bueno doctor es que nadie me cree, pero yo estoy seguro que piensan, sobre todo el perro, es como si tejiera un complicado plan para hacerme estallar de la rabia.
—¿No estarás exagerando?
—No doctor, estoy seguro de lo que le estoy diciendo.
—Ok está bien,  y háblame de otra cosa, dime ¿Cómo llevas el no conseguir trabajo?
—Ahí no puedo hacer nada, no depende de mí, yo coloco los currículos, ahí está mi experiencia, lo que valgo, a otro le toca evaluar y saber si le soy útil, no tengo injerencia alguna en ello.
—¿Entonces no tienes el poder sobre tu vida, sino otros son los que te mantienen atado a tu casa?
—Si exactamente, en resumen así es.
—Bien, ya sonó la campanita, nos vemos en una semana, te veo bien, vamos progresando.
Ya todos están durmiendo, me atrasó la ida al terapeuta, pero al fin terminé de fregar la loza y acomodar la sala, ahora a intentar dormir, pero ¿Podré?, bien voy a intentar hacerlo.
 ¿Qué es eso?, sonó como si estuvieran rompiendo algo en la sala. ¡Por Dios esos animales no me van a dejar descansar en paz!
Diez horas después…
Tengo una semana que no duermo, cazándolos, pero se unen entre sí, cuando estoy vigilando a uno otro hace de las suyas, no he podido encontrar a ninguno infraganti, solo los rastros, su hediondez, oh por dios seguro tienen que pagar, están jugando conmigo, no puedo decir nada, mi esposa se burlará de mí, ya es suficiente no trabajar para dar esta imagen, ellos saben, esos desgraciados animales lo saben, se aprovechan, pero no va a ser por siempre, no.
Ya todos se han ido. Raúl está jugando en mi cuarto, voy a ver qué hace el degenerado perro, ese vampiro, ¿Por dónde andas?, déjate ver, aja, míralo ahí está bajo de la mesa, me está mirando, se está riendo de mí, si estoy seguro, mira sus ojos, no, claro el tipo que no trabaja, el que antes usaba corbata y llevaba un maletín y se hacía el importante, (Con voz psicótica y tarareada) ¿Eso piensas verdad?, que soy un perdedor, si, lo veo en tu rostro de animal burlón,  pero ya no más, no más, yo no puedo decir nada, claro, sabes que mi mujer y mis hijos se burlarían de mí, ellos no saben quién eres,  pero ¿sabes?, tu tampoco le puedes decir nada y esa es tu debilidad.
Ese día descargué mi ira, al fin pude desquitarme de todos los días de burla de este maldito perro, lo golpeé hasta donde las manos me dolieron, contra la pared, contra el piso, le di con todas las ganas con mis pies, luego giré mi rostro y perseguí por toda la casa a cada uno de los gatos, mientras el perro temeroso se escondía bajo un mueble. ¿Ahora sí, te escondes?, ya no te ríes, ¿Verdad?, ahora el que ríe soy yo, ¿Quién es el fracasado?, ja, ahora no eres valiente, ¿Sabes por qué?  Bueno ahora se tu debilidad, no hablas, así de fácil, no hablas y no puedes acusarme, entonces de ahora en adelante respeta o veras mi mano descargar su furia sobre ti. Entonces gaticos ¿Tienen orina para derramarla en sus escondites?, ahora verán que pasa cuando me usan como si fuera un payaso, tomen, sientas el poder de mis patadas, ¿A dónde van?, sientan mi furia, rían ahora, búrlense de mí. ¿Cómo dicen? Ah sí,  El tipo que no trabaja, el fracasado, con su tono burlón, ustedes creen que no los oigo, pero ahora vean lo que hago con sus comentarios, sientan el poder de mis puntapiés, ja, son unos cobardes, gatos del infierno.
Dos horas después…
Al fin me siento realizado, que cansado estoy, seguro que los cobardes no van a sabotear la casa, ya saben lo que les espera, que bueno que encontré su punto débil.
—Creo que voy a la cama un rato, me lo merezco.
En la noche…
—Hola amor, estoy cansada, el trabajo hoy me mató, ¿cómo te ha ido hoy?, ¿y esa sonrisa? —me pregunta mi esposa como con sorpresa.
—No sé, me he sentido vivo hoy, es capaz que las cosas mejoren, no sé, veo el mundo con más ánimo.
—Me alegro, ya te veía muy triste todos estos días, ¿y dónde está cuqui?, cuqui ven con mamá.
Lo buscó por un buen rato, hasta que salió debajo del mueble, temeroso, llegó a ella y comenzó a saltar, manifestando una alegría mucho más ferviente de lo normal.
—Mi cuqui, ¿dónde estabas?, me habías asustado, vamos para sacarte al patio.
Llegó la noche y la tranquilidad del día se volvió la locura en la noche, otra vez, se ríen, los oigo, no puedo quitar de mi cabeza el sonido de sus risas, voy a encontrarlos, creen que la oscuridad los va a ayudar, pues no, de mí no se burla nadie,   encendí todas las luces de la casa.
 —Me voy a sentar aquí, en el medio de la sala, en el sofá principal, no les voy a permitir que el orden del día se rompa en la noche, no señor, les voy a mostrar lo que es tener respeto, estos desgraciados no están, pero oigo sus risas, los voy a encontrar, aunque sea lo único que haga.
Ocho horas después…
 Desgraciados, no pude dormir, tuve que hacer el desayuno casi dormido, me quemé con el aceite de los huevos, eso me lo van a pagar, ya todos se fueron, los atendí sin que se dieran cuenta de mis ojeras por estar sentado toda la noche en la sala, con la vista ida, a la espera, pero no va a volver a pasar, ganaron una batalla pero no la guerra, regresé a mi cuarto me lavé la cara, fui al cuarto del pequeño y le coloqué todos los juguetes a Raúl para que se quedará jugando. Ahora es mi momento, bajé y comencé a buscar a las endemoniadas mascotas, ¿Dónde estás cuqui del demonio?, Gatos infernales, los voy a encontrar aunque tenga que destruir toda la casa, ¿Dónde? ¿Dónde? cuuuquii cuuuquiii, ven acaaa (Hablaba cantadito como un loco desquiciado)
—Aja, conque estaban detrás del sillón, ja,  y todos reunidos.
 Les propiné la paliza de sus vidas, para que aprendan a no reírse de mí, —ya no oigo las risas burlonas, no, no no, (Con los ojos encendidos de locura),  solo el sonido de mis patadas en sus cuerpos. Entonces gatitos les gusta reírse de mí, dejar su orina y ver desde su escondite como me vuelvo loco buscando sus hediondo líquido amarillo, pues sientan el ardor de los fósforos en sus estúpidas caras.
Improperios salían de mí, el mensaje era claro, no debían burlarse, no más.
Así por fin dormí plácidamente, nunca me había sentido tan bien, por mis venas experimente por primera vez desde hace mucho tiempo el correr de la sangre a través de ellas.
Las horas pasaron y una nueva visita al terapeuta llegó
—Al fin ahí viene la vieja, vamos a ver qué me dice el loquero hoy.
—Cosmos ¿Cómo estás?, pasa siéntate. —Me dice el doctor después que la anciana me llevó hasta la puerta del consultorio.
—Gracias doctor, estoy muy bien.
—Te veo relajado. —Me dice mientras me observa de una forma extraña.
—Sí, me siento muy tranquilo.
—¿Y eso tiene algún motivo?
—No, creo que aprendí a vivir, más nada,
—El trabajo, ¿has tenido suerte?
—No doctor, pero algo vendrá, la recesión no va a durar toda la vida.
—Es verdad, ¿Las mascotas?, ¿qué me cuentas de ellas?
—Bien, son solo animales, más nada.
—Ok Cosmos me gustaría me hablaras de tus planes a corto plazo.
Ahí estuve por una hora, hablando con mi terapeuta, él no lo sabía pero había encontrado el punto débil de estos malditos animales, pero no se lo voy a decir, es muy inocente para comprender la verdad. Mi vida ya había encontrado la tranquilidad.
Un año después…
—Mi amor, todo se va hacer como quedamos hace un mes,  este fin de semana viajo a la capital,  dejo a los niños con la abuela para que no te compliques de más.     —Me dice mi esposa.
—Ok, cualquier cosa me llamas.
—Sí, seguro.
Unas horas más tarde…
Es tarde, ya coloqué los currículos en la web, (queda pensativo) nada que me han llamado, más de un año en espera, esas perras, solo llaman a los cuadritos que esperan le alegren algún día la noche, este mundo se ha vuelto solo eso, sexo, maldita sea. Que rabia me da, ¿Por qué no me llaman?, no lo soporto, ¿Por qué yo?, ahh, me duele el pecho, que rabia, ahh, ¿Por qué la vida es tan injusta?, Un ruido interrumpe mi dilema interno, afino el oído y lo reconozco. ¿Qué?, un ladrido, ese maldito se está burlando de mí, otra vez, me viste acorralado por las sucias de las buscadoras de empleo ¿y tu salida es reírte de mí?, ya vas a ver, te voy a matar, seguro los gatos están conspirando, me ven aquí y se burlan, se burlan de mí, pero hoy me encargo, los voy a enterrar vivos, vivos para que sufran.
Sentía que la cabeza me daba vueltas, me iba a desmayar, el piso era como de gelatina, las paredes vibraban muy lento. Caí de rodillas, me dolía el pecho, intenté calmarme, respire profundo, y me paré con un propósito.
Van a ver, esto se acaba hoy, ¿Dónde están las llaves?, ¿dónde?, en mi pantalón, camisa, no, en la mesa, si seguro, aquí están, ahora al sótano, debo buscar mis herramientas, caminé rápidamente y casi caigo al vacío, estos malditos escalones, de pronto otra vez me retumban  las risas en mi cabeza, esas risas, desgraciados animales, me la van a pagar. Aquí están, miré fijamente al muro donde lo que busqué estaba colgando, la pala y el pico, por fin van a recibir uso, esta puerta del patio siempre se traba, hoy no podía ser diferente, abrió, ahora bien donde cavo su tumba, ahí, al lado del árbol, solo saco las seis lozas y listo no hay mejor lugar, tomé la herramienta, medí con la mirada el sitio ideal y descargo con toda mi fuerza el pico contra el suelo y comienzo a aflojar la tierra, es dura como ninguna, pero bien vale la pena el esfuerzo, todavía escucho su burla, creen que me dará miedo, que no me atreveré, que siento temor por lo que opine mi esposa, pero no, esta vez no, son míos, no habrá más burlas de parte de esos animales, no señor, no más risas, voy a acabar con eso.
Tres horas pasaron…
Quedó grande el agujero, por lo menos dos metros de largo por uno de ancho y tres metros de profundidad, cuando quiero hacer las cosas realmente las realizo muy bien, entonces ¿Por qué diablos no me contratan?, bien pero con esto elimino la burla diaria de esos sinvergüenzas, me tiene loco, no se los voy a permitir, y además los voy a hacer sufrir, ¿Cómo lo hago?, enterrarlos y matarlos es muy simple, de pronto me vino una idea a la cabeza, corrí de forma frenética al sótano, busqué como loco entre las cajas de herramientas, tenía una idea fija, hasta que al fin lo encontré a un costado del húmedo lugar, cuatro metros de tubería plástica, la que sobró del cuarto de baño extra que se colocó hace tres años, un mes antes de mi despido. Subí nuevamente y las coloqué a un costado del gran agujero, les daré la posibilidad de respirar enterrados vivos hasta que me dé la gana de tapar la entrada de oxígeno.
Quedó magnifica la última morada de los engendros diabólicos, lo tapé, ya tenía todo planeado, primero los tiro al fondo, luego les lanzo encima esta tabla del mismo ancho del agujero y los tapo con tierra, el aire les llegará por el tubo, eso los mantendrá con vida, sufrirán, así como yo sufro por sus burlas, hasta que llegue el momento de tapar el orificio, unos días, quizás una semana, que sufran lo que yo he sufrido por sus burlas, es lo justo.
Es el momento de buscar a mis enemigos, esas risas que escucho me guiaran y me ayudaran a realizar mi venganza, sus burlas serán mi fortaleza. Hoy morirán, ya veré que les digo a mi mujer y los chicos, no importa, pero dejarán de burlarse de mí, ya verán quien ríe al último ríe mejor, y las risas que sonarán son las mías y hoy comenzará su camino a la muerte.
Ven perrito, cuqui, o como te gusta que te llamen, ven acá, no te escondas, ¿Dónde estarás?, camine lento y sigiloso, busqué por las alcobas y por la cocina, hasta que al fin.
Ahí estás, ven acá desgraciado, no corras, ay, maldita sea, me golpeé duro con el mueble, Sentí un ardor en el brazo, —ahh, me rasgué, otra deuda para conmigo del sinvergüenza perro, ¿Por qué gimes?, tú no eres el que te burlas más fuerte, ¿Crees que no conozco el sonido de tu risa burlona?, seguro te acuerdas de la paliza que te di ayer, pero te la merecías, te reíste de mi mientras hacía el nuevo currículo, ¿crees que no vi tus ojos?, como te reías por dentro de mí. En eso siente un  paso veloz entre sus piernas, fija la vista a su izquierda y divisa a otro enemigo. El gato, ahí estás, ven acá, no corras, Luego un vaso cae al piso en la cocina y ve pasar una sombra negra hacía el salón. El otro gato. Me quieren confundir, pero lo que hacen es atrasar lo ineludible. Tiro un manotazo cuando siento un ruido a mi espalda.  Te tengo, carajo la mesa, te salvaste desgraciado, que dolor, me pegué de lleno en el codo,  Maldito gato, ahora tú serás el primero. Detrás de escucho un sonido conocido. El perro, te oigo, ¿dónde te metiste?, ahí va otro gato, los voy a agarrar no crean que no lo voy a hacer. ¿Qué es eso?, Volteo hacía la escalera y siento como una masa de pelos cae en mi rostro.  Maldito quítate de mi cara, me estás desgarrando, sucio animal, intento quitármelo y caían sobre mi todas las ollas que estaban sobre los estantes, me rompí la cabeza, la sangre corría por mi frente, ahora si es verdad que nada de sufrimiento, los voy a enterrar destripados a todos, Escuché un golpe seco y corrí en su dirección. Ahí vas, te vi, ese maldito va hacia las escaleras, subí con locura desenfrenada de a tres escalones a la vez.  —Te tengo, no huyas estás en mis manos —le grite con todo el odio acumulado.
Pero en ese instante otro de los gatos corrió por el medio de mis piernas, perdí el equilibrio y caí por las escaleras, llevé un fuerte golpe en la frente, estaba ya a punto de desmayarme y vi cómo se reunieron a mi alrededor, era él, el sinvergüenza perro, solo su risa burlona  me llevé a la oscuridad de mi desmayo.
Me sentí asfixiado, desperté adolorido, no podía moverme, estaba aprisionado, entré en razón, estaba en mi propia trampa, arriba de mi la tabla que dividía el peso de tres metros de tierra que yacían sobre mí, escarbé con las manos y llegué a duras penas al agujero del tubo que había dejado para que respiraran los animales, tuve suerte, estaba del lado de mi cara, era mi salvación, no podía moverme ni hablar, solo estar pegado a este tubo, ¿Qué significaba la vida? ¿Cómo no me di cuenta?, si eran tan inteligentes como para burlarse de mí, también lo eran para intentar matarme. No siento las piernas, este peso me está matando, esos malditos, entre todos me agarraron y me enterraron. Pero soy un ser humano, estoy por encima de la escala animal, soy un ser inteligente, ellos son solo bestias, no sabían que había dejado este tubo, deben creer que estoy muerto, ja ja ja no moriré, tarde o temprano mi esposa me comenzará a buscar y me encontrará yo saldré de acá y me vengaré.
 Busco desesperadamente el principio del tubo, lo encontré, giré lo más que pude mi rostro hacía él, tuve suerte, me enterraron justo del lado del tubo, tomo una gran bocanada de aire, en eso siento algo caliente, un líquido saliendo del tubo, ¡Qué! Asco, ¿Qué sale por este sucio agujero?, maldita sea es orina, esos desgraciados, me moriré acá pero regresaré desgraciado, desde la muerte, no se burlaran de mí, jamás, los mataré a todos, grité desesperado, sabía que iba a morir a manos de esos sucios animales.
—No, no debo llorar, volveré aun sea penando en la tierra, pero no me iré hasta vengarme malditos, tengo sed, dios no otra vez la orina, que asco, pero tengo sed, debo tomar algo, no pude más mis sentidos me abandonaron, la oscuridad le dio paso a la nada.
Tres días después…
—Tomen su pulso, rápido
—Está vivo, tiene lectura.
—Vamos a trasladarlo
—Cosmos mi amor, Cosmos escúchame.
En el hospital…
—Llévenlo a la habitación, monitoreen como asimila los medicamentos.,
—Doctor un paro, doctor código azul.
—Vamos una descarga, hay que traerlo de vuelta.
Unos días después…
—Lleva una semana sin despertar, hay que pensar lo peor.
—Miren tiene los ojos abiertos.
—Cosmos, Cosmos mírame, háblame.
—¿Dónde estoy?
—Regresó está vivo, vengan está vivo.
Un tiempo después…
—Señor Cosmos han pasado tres meses desde que su mascota heroicamente descubrió que lo habían enterrado en el patio, su perro es el animal  más famoso en el mundo hoy por hoy, nadie sabe cómo pudo sobrevivir a la deshidratación, una semana antes de encontrarlo a usted, su perro dio la alerta a los vecinos de los vándalos que entraron a robar su casa, los tipos fueron unos sádicos pues en su estadía lo enterraron vivo y colocaron las baldosas en el piso, para que no se dieran cuenta del movimiento de tierra. La policía estima que estuvieron por lo menos seis horas preparando todo, se cree que eran de una secta diabólica y usted era el sacrificio humano. Recibió un fuerte golpe en la cabeza, nadie supo dónde estaba, los antisociales habían muerto al enfrentarse a la policía, si no es por su perro, que una semana después encontró la forma de darse entender con sus familiares y enseñarles donde usted estaba enterrado, hoy usted estaría muerto, ¿que opina a eso?
—La vida me ha cambiado mucho desde entonces, nací de nuevo, comencé en un nuevo trabajo, tuve dos años sin poder trabajar, creo que esto alineó a las estrellas y mi vida retomó su camino, tengo una felicidad enorme de poder compartir con ustedes mi historia, le debo todo a ese pequeño animal, y debo pagarle aunque no creo que tenga vida para hacerlo.
Esa noche…
Eran las dos de la madrugada, todos dormían en casa, salí al baño, sentía unas ganas enormes de orinar, fui y luego bajé a la sala, me provocó un vaso de leche, mañana tenía una reunión importante en la oficina, necesitaba dormir bien, y la leche siempre me ayudó a hacerlo. Caminé rumbo a la cocina, escuché una risa, eso me llevó a recordar momentos pasados, seguí mi camino y me encontré frente a frente con el perro, estaba acostado en el sofá, nos quedamos viendo fijamente, observé al piso y había ropa tirada por todo el lugar, nuestras vistas volvieron a coincidir, los gatos pasaron y se acurrucaron a mis pies, los cuatro, me veían fijamente. Yo por igual, mantuve la mirada fija, escuché una risa burlona. Tomé aire, di media vuelta y me dirigí a mi cuarto.
—¿Qué haces levantado tan tarde amor? —Me preguntó adormitada mi esposa.
—Nada, mi amor, fui al baño y bajé por un vaso de leche.
—¿Y dónde está?, ¿lo tomaste en la cocina?
—No, me devolví, llegué hasta la sala.
—¿Y qué pasó?
—Nada flaca, nada, todo está como siempre debió estar, vamos a dormir, mañana es otro día.

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